sábado, 1 de agosto de 2015

El ritmo lentísimo

 Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a codearse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes. 

Alejandra Pizarnik, La condesa sangrienta , Fragmento